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Correr en la Sierra de Cazorla Destacado

Siempre me he preguntado cómo sería la Sierra de Cazorla y el Parque Natural en la que está inmersa. Todo el mundo habla maravillas de ella y

solo la tenía vista por vídeos o fotos, aunque más o menos me podía hacer una idea.

Así que, una vez terminé el año pasado de hacer la carrera de Santiago-Pontones, dentro de la sierra del Segura y muy cerca de Cazorla, vi la prueba  Maratón Festival Sierra de Cazorla anunciada por las redes sociales. No dudé un segundo en decidir que éste año iría hacerla, comentándoselo a un buen amigo como es Ventura, que incluso pareció que le apetecía, ya que para esto de la montaña sabemos perfectamente lo que nos gusta. Así que dejemos pasar el tiempo y llegados a las fechas de inscripción las realizamos, aunque es cierto que con poco tiempo de entreno.

El festival Sierra de Cazorla, consta de tres distancias de trail running (13k, 32k y 48k), y una de senderismo (17K). Todas ellas se celebraban el sábado 13 de octubre coincidiendo con el puente del Pilar, una fecha bien escogida, sobre todo para los que nos desplazamos de un poco lejos, como era nuestro caso (184km Moratalla-Quesada). En principio me gustaba la distancia reina (48km), pero nos declinamos por la de 32km, ya que no llegábamos a afrontarla con garantías, y como he comentado antes por falta de entreno.  Pero aunque fuera una distancia menor pero nada despreciable, tenía muchas ilusiones puestas en ésta carrera porque el trazado además de ser espectacular, y asombroso lo que menos preocupaba era la distancia.

Con el plan trazado a una semana vista de la carrera, y aprovechando el día festivo previo, nos fuimos la tarde anterior a dormir a un lugar indicado por la organización y habilitado para ello, con la suerte de que habían instalado unas camas disuasorias para los que vinieran de lejos. Evadimos el suelo duro, gracias a que las personas que han organizado el evento se lo curraron bien para facilitar en lo posible la comodidad a los participantes. Sobre a todo el responsable de la prueba, Miguel.

Nos fuimos a tapear por Quesada y cuando no conoces, lo mejor es preguntar a la gente del lugar que seguro te indican bien, cómo fue nuestro caso.  Al hombre mayor que le preguntamos nos dio reseñas de un bar que no nos quedaríamos con hambre, y estuvo en lo cierto (Bar Capri), está en la plaza principal al lado del ayuntamiento. Bares que siguen con la tradición andaluza donde pides caña y te ponen tapa (menudas tapas). Pero son tapas contundentes con un tamaño considerable, dejando un poco en evidencia el resto de restaurantes, que le sumas el coste total, y aún te deja más asombrado. Recomendable cien por cien.

La mañana de la prueba amanecía con buen ambiente y buena temperatura, la prueba de 48km dio comienzo a las 8:30h, la nuestra de 32 km lo hacía a las 9:30h junto con la de 13 km. Para nuestro gusto, las salidas fueron algo tarde, ya que las carreras de tanta distancia deberían ser más temprano, más que nada por evitar algo de calor que todavía reina en la zona, además las temperaturas que se preveían eran altas. En la salida coincidimos con Fran Menchón, un amigo del club Correbirras que también se apuntó a la fiesta y al que nos dio gusto saludar y compartir algunos kms.

Nada más salir, nos metemos en unas empinadas cuestas de Quesada dejándonos entrever la que nos venía encima. Subimos por la Peña Rubia hasta el puerto de Huesa, por allí, y por la ladera de la Sierra de Quesada subimos al collado de Vitar siguiendo por el Poyo de las Ovejas para coger una senda que nos deja en el Puerto de Tíscar (km13). Éste puerto es muy conocido por su orografía además por las vistas que tiene, donde se domina buena parte de la Sierra de Cazorla. Nos adentramos en el cordel del Chorro que nos deja en el camino de Tíscar, una zona de umbría que parecía hechizarte, justo debajo del Rayal y del Peñón del Guante. Pasamos por la loma de Estremera, para llevarnos muy cerca de la Cueva de la Higuera, para allí coronar el collado Zamora donde estaba el último avituallamiento antes de encarar la bajada. Reponemos, y por el Cerro Frío cogemos una senda muy técnica que nos pasa por el Cerro del Púlpito dejando atrás la montaña, corriendo entre oliveras a apenas tres kms de meta. Bajamos los últimos tramos en asfalto hasta el río Quesada para afrontar la entrada al pueblo como la comenzamos, con empinadas cuestas pero con las piernas a punto de reventar. Rozando los 100 metros positivos en los 500 metros de subida a meta.

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Una entrada a meta que nos hizo sentir grandes, también por los kms que habíamos dejado atrás llenos de pura montaña además de acabar con muy buenas sensaciones de lo que estamos preparando.

El avituallamiento final que nos esperaba fue algo inusual que se ve en muy pocas carreras, o por lo menos a las que voy yo. Todo un festín montañero y calórico para los corredores y amantes del buen yantar. Además del avituallamiento genérico final, esperaba enormes paellas mixtas, con enormes planchas de pinchos, lomos, morcillas, chorizos, tocino, etc., etc., con su correspondiente bebida refrescante.

De esto saco muchas cosas positivas que me llevo en el recuerdo y que muchas de ellas intento transmitirlas con éstas palabras que escribo. Pero muchas otras, las emocionales esas son imposibles de expresarlas. Experiencias únicas que vives con grandes amigos, en las que estoy seguro que son imborrables.

Modificado por última vez enMiércoles, 31 Octubre 2018 17:45
Julián Sánchez

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